Un caso de resiliencia al sur del valle de Yocavil: la re-apropiación del Abrigo Abra del Toro luego de un evento catastrófico
; Cortes, Leticia Ines 
Fecha
2025
Editorial
Sociedad Argentina de Antropología
Revista
Título del libro
Nombre del evento
II Jornadas de Arqueología del Noroeste argentino
Fecha del evento
2025-10-28
Institución organizadora
Sociedad Argentina de Antropología
ISSN
eISSN
ISBN
978-987-1280-35-3
Idioma
Español
Tipo del evento
Jornada
Clasificación temática
Palabras clave
Resumen
El Abrigo Abra del Toro es un sitio arqueológico bajo roca localizado al sur del valle de Yocavil, en la localidad de Ampajango (Catamarca, Argentina). El área circundante está marcada por diversas evidencias que indican una larga cronología de ocupación de este paisaje. A los pies del abrigo se extiende una serie de estructuras de piedra de forma cuadrangular y subcuadrangular. Su finalidad y cronología aún no están claras y prácticamente no existen fragmentos cerámicos en superficie. Los pocos que se han hallado podrían ser adscriptos al período Tardío o Inka. A escasos 200 m del abrigo se detectó un taller lítico donde se manufacturaban, reparaban y descartaban cabezales confeccionados sobre andesitas y cuarzos, los cuales, por su diseño corresponderían al período Arcaico. A 700 m al NE del abrigo se distingue una serie de hileras paralelas de piedras -posiblemente terrazas- que descienden paulatinamente al río Ampajango. Los primeros sondeos mostraron que la ocupación más temprana tuvo lugar durante el Holoceno Medio, hace 5400 años. Con el correr del tiempo, la estratigrafía es testimonio de sucesivos de eventos de ocupación. No obstante, esta historia se ve repentinamente truncada por la erupción del Complejo Volcánico Cerro Blanco acontecida hace 4200 años en la Puna sur catamarqueña, distante unos 170 km. La magnitud de la erupción -tercera en el ranking de erupciones volcánicas más poderosas registradas en el planeta- quedó plasmada en la estratigrafía como una capa de 80 cm de ceniza volcánica. No es aventurado pensar que este acontecimiento habría provocado el abandono de toda el área. La reocupación del alero se inauguró con el entierro de los cuerpos de al menos siete personas, adultos y niños, una acción que manifiesta la apropiación encarnada de este lugar. Para situar a los difuntos se removió parte de la ceniza volcánica. Asimismo, una cantidad inusual de carbón se mezclaba con los restos humanos. Su abandono tras un evento catastrófico y posterior reapropiación puede ser pensado como un acto de resiliencia. Tal vez por la magnitud del evento volcánico, el retorno apeló a un acto de fundamental importancia en la cosmovisión andina: el entierro de los ancestros. El Alero, de allí en más, pasó a ser la morada de los antepasados. Si bien aún no disponemos de fechados radiocarbónicos, creemos que esta re-apropiación habría ocurrido en algún momento del período Formativo (1000 a.C. – 1000 d.C.). La referencia cronológica es una pequeña vasija antropomorfa de pasta rojiza característica de los estilos cerámicos de este período, colocada junto al cráneo de un niño. Una cuenta de fluoruro de calcio en forma de gota y un cabezal lítico lanceolado de cuarzo completan el total de los elementos hallados en esta unidad estratigráfica. El entierro de los ancestros queda sellado por la presencia de dos fogones en cubeta datados en 2200 años AP, lo cual no se descarta que esté relacionado con la presencia de carbón alrededor de los cuerpos. La cronología de estos fogones podría indicar que los entierros fueron contemporáneos o anteriores a esta fecha. Fragmentos cerámicos de tipo gris pulido y una punta de flecha característica de las tecnologías del primer milenio en el área son consistentes además con el fechado obtenido. El uso más reciente del alero, de carácter efímero, habría ocurrido durante el período de Desarrollos Regionales a juzgar por la presencia de fragmentos cerámicos con diseños propios de ese momento. Las tareas de excavación todavía están en marcha ya que resta por alcanzar la roca de base bajo los entierros. Por tanto, esta historia aún no ha concluido. Abrigo Abra del Toro fue un enclave destacado en el paisaje, cuya valoración trascendió al tiempo y a los cambios sociales durante miles de años. Lugar de reparo natural, protege hoy una historia profunda de gran complejidad.
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