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Intensidades últimas: Algunas consideraciones sobre el etilo tardío en Adorno y Deleuze

Lucero, Guadalupe Icon

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Fecha

11/2012

Editorial

Universidad Nacional de Córdoba. Facultad de Filosofía y Humanidades

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0328-1574

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Español

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El estilo tardío, aquel de la decadencia, de la producción de vejez, aquel que crece a la luz de la ceniza ¿No es en la vejez cuando la mirada pierde agudeza y la escucha se debilita? Lo tardío es lo que no llega en el tiempo justo, se muestra en la noche como si estuviera a pleno sol. Pero el día ha pasado y es ya demasiado tarde. Si los ojos no se acostumbran a la oscuridad, no puede distinguirse allí más que lo borroso y lo falto de nitidez, lo que ha perdido sus contornos y se confunde monstruoso con el fondo que amenaza de una vez devorarlo. Y sin embargo Dos instantáneas: Adorno muere señalado por los alumnos de la época como un viejo conservador, y luego de haber tenido que recurrir a la policía para sofocar un movimiento estudiantil; Perlongher nos cuenta en sus escritos sobre París, que Deleuze era una suerte de topo solitario que vagaba por el subterráneo, huraño y alejado de los círculos sociales. Cuadros de vejez. Incomprendidos, hoscos. Parecen no responder al modelo que sus propias vidas han forjado, parecen no responder a lo esperado, a lo que el tiempo les asigna, siempre y cuando el tiempo y ellos mismos actúen de buena fe, de acuerdo con cierto horizonte de previsibilidad. Algo comunica a estos filósofos que nada parecen tener en común. Un estilo filosófico incómodo, árido, inactual. Ciertamente son filosofías que se asemejan a los rasgos que Adorno dará al estilo tardío. Producción que se expone en el abandono del , o más bien en la búsqueda de un estilo rigurosamente filosófico: el concepto debe encarnar los problemas. Un que deja de lado toda floritura individual a favor de la sobriedad. Lo entre Adorno y Deleuze no se agota en una cuestión de estilos. Lo en común se extiende a las consideraciones que ambos realizan sobre el arte. Como si en el arte se jugara propiamente la cuestión de lo tardío, de esa producción que se tensa en el umbral de la muerte.

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