La genealogía de las violencias expresivas mexicanas: De la revolución a la intemperie fronteriza

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Fecha
2021
Editorial
Noé Jitrik Editor
Revista
Título del libro
Filiaciones y desvíos: Lecturas y reescrituras en la Literatura Latinoamericana
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Institución organizadora
ISSN
eISSN
ISBN
978-987-47861-7-3
Idioma
Español
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Resumen
Desde las primeras líneas del libro Dolerse. Textos de un país herido (2011) de la escritora mexicana Cristina Rivera Garza es inevitable no asociar los cuerpos dolientes y sin entrañas con el verso del Himno Nacional mexicano –retomado por Gonzalo Celorio en el título de su novela publicada en 1999–. En la descripción de la escena inicial de la primera crónica de Dolerse… se alude a las entrañas expulsadas del abdomen del cadáver de una mujer que cuelga de un puente. La imagen diagrama un escenario espectacularizado de la muerte. Las entrañas condensan lo interno de un torso de mujer, lo entrañable como aquel sentimiento intenso e íntimo, los órganos hacia un afuera –o fuera de lugar–. No hay nada que se asemeje más a las entrañas que el centro de la tierra como un proceso de desterritorialización (Deleuze y Guattari, 1985) de pertenencia nacional, como el fruto de las entrañas del vientre de un posible cuerpo gestante. El fruto, la simiente, es el hijo varón, ciudadano y guerrero de una tierra teñida de sangre que no nacerá. Para Deleuze y Guattari, la desterritorialización opera en el plano de la organización y deshace los códigos y enunciados en una línea de fuga que se traduce como devenir. Pero cuando existen líneas de fuga también se producen líneas moleculares que reterritorializan los desvíos (líneas de fuga) en líneas molares para configurar planos de organización y codificación y acabar con el devenir y así volver a buscar desvíos para desterritorializar otra vez en un continuo devenir. Entonces, los cuerpos desprotegidos, vulnerables, abiertos, lacerados que proliferan en Dolerse tiemblan porque la ciudadanía no existe y en su lugar irrumpe la “intemperie más atroz” (Rivera Garza, 2011: 11) y marginal de un Estado “sin entrañas” (11) que abandona “cuerpos desentrañados” (11) y fragmentados. Intemperie, margen y entrañas precisan cadenas de sentidos en los tres textos en los que intentaré capturar esa genealogía1 de la “violencia expresiva” (Segato, 2003) mexicana. Rita Segato piensa la violencia demarcatoria como un dispositivo que impacta de manera directa en la constitución de las subjetividades disruptoras. A este tipo de violencia la denomina “violencia expresiva” porque se produce sobre el cuerpo de las mujeres o cuerpos débiles y se escribe en ellos un mensaje que se envía a otros hombres a modo de pacto...
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