Capítulo de Libro

La obediencia no salva: Reflexiones spinozianas sobre la libertad

Sabater, Natalia Icon; Solé, Jimena ; Lerussi, Natalia Andrea Icon

Fecha

2020

Editorial

Red Argentina de Grupos de Investigación en Filosofía

Revista

Título del libro

Caminos cruzados de la libertad: Spinoza, Hegel, Deleuze

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Institución organizadora

ISSN

eISSN

ISBN

978-987-47425-5-1

Idioma

Español

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Resumen

La idea de que la filosofía de Spinoza conduce al fatalismo es ampliamente difundida. Según esta consideración, como en el sistema spinozista todo se despliega necesariamente en virtud de las leyes de la naturaleza divina,1 como no hay nada contingente pues todo está determinado a existir y obrar de cierta manera en función de aquella necesidad,2 como no puede existir nada indeterminado, entonces en este sistema no sería posible la libertad. Esto ha sido sostenido por muchxs detractorxs o críticxs del spinozismo, que vieron en él una amenaza a los fundamentos de la religión y de la moral, pero también fue admitido por algunxs de sus partidarixs o admiradorxs. Porque Spinoza mismo se propone derrumbar aquel mito que atribuye a los seres humanos libre albedrío,3 que estipula la posibilidad de una voluntad incausada, de acciones absolutamente espontáneas que no se enmarcarían en ningún tipo de orden ni cadena causal. Él mismo se ocupa de socavar esta concepción de libertad —sostenida, en general, a partir de la idea de un Dios creador, personal, providente, benévolo— sobre la cual se fundan, a su juicio, innumerables supersticiones, que conlleva una afirmación de la ignorancia, pudiendo conducir, incluso, al sometimiento. Para muchxs lectorxs de Spinoza, entonces, entre los cuales me incluyo, este gesto de arremeter contra una idea absoluta de libre arbitrio, contra la posibilidad de sustraerse completamente de la determinación es —paradójicamente— liberador: nos redime de la responsabilidad de poner en práctica una libertad que se presenta como imposible, que se revela como irreal. Nos confirma la sensación de que nuestra finitud no permitiría una libertad absoluta, porque hay un orden que nos contiene, una necesidad que no puede torcerse, un conjunto de determinaciones de las que no estamos exentxs. Permite combatir una idea imaginaria, ficticia, pero para encontrar otra forma de ser libres que podamos actualizar efectivamente. Así, la tarea spinozista de negar el libre albedrío, de proclamar como falsa esa libertad nos interpela, nos atrae, nos convoca. Pero para terminar esta labor no debemos detenernos allí, en esa negación, porque al mismo tiempo el filósofo proclama otro tipo de libertad, que se vuelve posible justamente en el marco de la determinación. Atender solamente a aquello que Spinoza despliega en la Primera Parte de su Ética demostrada según el orden geométrico —en la que trata de Dios, de la sustancia, en la que se propone demostrar, desde la perspectiva de la eternidad, la necesidad con la que ésta se expresa—– sería olvidar o dejar fuera de consideración los conceptos de conatus, causa adecuada, acción, felicidad o beatitud del alma humana y, sin ir más lejos, el mismo concepto de libertad con el cual el filósofo titula la Quinta y última Parte de la obra. Implicaría, además, pasar por alto aquello que desarrolla en sus textos de carácter político en los que esta noción tiene una relevancia central...

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