Las experiencias cinematográficas de coproducción entre México y Argentina hacia el final del periodo clásico-industrial
; Sala, Jorge Eduardo
; Wolkowicz, Paula Casiana 
Otros responsables
Fecha
2017
Editorial
Imago Mundi
Revista
Título del libro
Pantallas transnacionales. El cine argentino y mexicano del período clásico
Nombre del evento
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ISSN
eISSN
ISBN
978-950-793-256-4
Idioma
Español
Tipo del evento
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Resumen
Al interior de las relaciones entre México y Argentina las coproducciones aparecieron tardíamente, específicamente sobre el ocaso del modelo clásico-industrial de producción; estas películas ?siete títulos en total? no cumplieron un papel significativo (en términos cuantitativos y, asimismo, en el impacto artístico causado por sus estrategias narrativas y audiovisuales) respecto de otras expresiones de transnacionalidad diseminadas a lo largo de los años treinta y cuarenta. En tanto rivales históricos en la disputa por la hegemonía del mercado hispanohablante estas dos cinematografías buscaron unirse comercialmente alrededor de un proyecto mancomunado obligadas por imperativos económicos de competitividad frente a las innovaciones tecnológicas que por entonces estaba difundiendo Hollywood a través del CinemaScope, el color y otros artilugios de gran espectacularidad. Entre 1954 y 1960 ?año en que se estrenaron El Conde de Montecristo (León Klimovsky, 1954) y Maleficio / Tres citas con el destino (Klimovsky, Fernando de Fuentes y Florián Rey, 1953)? y los films dirigidos por Miguel Morayta durante el último tercio de esa década ?La despedida / Que me toquen las golondrinas (1957), Amor se dice cantando (1957), La venenosa (1958), Socios para la aventura (1958), Dos tipos con cuidado (1960)?, Argentina y México ensayaron diversos acercamientos cuyo objetivo común fue disputar un espacio de reconocimiento a las propuestas de gran difusión que estaban teniendo las películas estadounidenses. Las ventajas de la intervención comercial de dos países apuntaban a resolver las dificultades que un solo estudio no estaba en condiciones de afrontar, más aún teniendo en cuenta que este período corresponde al de la crisis del modelo clásico-industrial. A la vez que posibilitaban la construcción de un elenco estelar internacional y de absorber conjuntamente los altos presupuestos que implicaba trabajar con formatos costosos (como la gran pantalla o el color) las coproducciones podían asegurar el estreno en ambos países y, por ende, volvían factible la recuperación de las inversiones en un panorama comercial que se hallaba en franco declive. Los otrora enemigos se aliaron adhiriendo un nuevo matiz a las formas ya puestas en práctica con anterioridad, como aquellas aportadas por los traslados de actores, directores y técnicos. Un matiz diferencial asociado en este caso a la necesidad de cierta unidad regional con vistas a protegerse de un rival más poderoso.
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