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Aproximación a la epistemología del dolor (III): Fenomenología y existencialismo

Mancuso, Hugo Rafael Icon

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Fecha

09/2017

Editorial

Fundación Acta Fondo para la Salud Mental

Revista

Acta Psiquiátrica y Psicológica de América Latina

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ISSN

0001-6896

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Español

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Resumen

Entre el quiebre del idealismo y la hegemonía del positivismo cientificista está, literalmente, Friedrich Wilhelm Nietzsche [1844-1900] para quien el dolor es un elemento central en su reflexión filosófica y en su misma existencia.[2] El significado del dolor es consubstancial a la radical distinción nietzscheana entre el mito de Dionisio y la vivencia de Jesucristo en la que funda su programa filosófico. En una primera aproximación, Nietzsche -siguiendo la hermenéutica del materialismo y del sensismo vulgar- reconoce que tanto Dionisio como Cristo experimentaron dolores indecibles, sin embargo el «Crucificado», según Nietzsche, rechaza el mundo sensible por considerarlo el «reino del mal» (o por lo menos el ámbito de lo «negativo») por lo que se fugaría a una realidad más allá del devenir. En cambio Dionisio simboliza la afirmación de la vida, aún en sus patéticas imperfecciones, aceptando la existencia en cuanto tal: «Dionisio cortado a pedazos es una promesa de vida» renace y florece en su consumación por ser-en-fractura, encarnando una visión del mundo como una serie de transformaciones perpetuas, «sin resolución ni fin», en una «piélago de calamidades y de fuerzas vitales incontrolables». Es ciertamente un mundo horrible para quienes buscan una divinidad pacificadora, apolínea, que ofrezca una vía de salvación o escape de esta realidad brutal. La alternativa de Nietzsche es el total nihilismo dionisíaco. Para entrar en relación con la verdadera naturaleza del mundo, es necesario aceptar esta realidad y considerar el dolor como una parte esencial de la vida. Para Nietzsche el dolor es una reacción a la perturbación del equilibrio como consecuencia de una «perturbación traumática del sistema nervioso». Sin embargo el equilibrio, en rigor, es imposible de alcanzar (o de conservar) por lo que el dolor es un aspecto inescindible de la vida, sea como «reacción a la deformación» (decadencia) sea como «catalizador» de nuevas formaciones (mutación).

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