Libro

Este lado del río: Relatos del Valle de Luracatao: ciencia y saberes andinos

Fitte, Bruno Icon; Unzaga, Juan Manuel

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Fecha

2025

Editorial

Universidad Nacional de La Plata

Revista

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ISBN

978-631-6568-70-0

Idioma

Español

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Resumen

Durante el reparto territorial de Sudamérica, se trazaron los límites que hoy definen a los Estados. Un trazado bastante arbitrario, que derivó en la amplia diversidad cultural que presentan los países; diversidad que en la mayoría de los casos quedó aplastada y atrapada bajo un esquema que sigue apelando como modelo al eurocentrismo (y hoy también al norteamericanismo). Dentro de esta lógica, hay muchos rasgos culturales que son permanentemente estigmatizados, o directamente invisibilizados. Algunos ejemplos son las diferentes dinámicas económicas-productivas, las perspectivas y prácticas ligadas a la salud, y los engranajes sociales-vinculares y simbólicos-espirituales. Como sociedad, tenemos la deuda y la responsabilidad de involucrarnos en acciones que busquen desnaturalizar este escenario. Para eso es necesario hacer el ejercicio de historizar, es decir, explorar y entender los contextos bajo los cuales se fue moldeando este presente. Ahondar en el por qué estamos como estamos. Un buen camino es el de tejer puentes interculturales, de escucha y acción colectiva, para conocer y crecer a través del encuentro de diversas formas de vincularnos entre personas y con el resto del planeta; y también, y no menos importante, para desarmar la romantización que existe sobre determinados rasgos culturales y que sirven como vías implícitas de sometimiento. Las historias que aquí presentamos son un intento de un poco de esto y un poco de lo otro y están basadas en el compartir de inquietudes, perspectivas, deseos y penurias. Suceden en el Valle de Luracatao, que forma parte de los Valles Calchaquíes Salteños de Argentina. Son el resultado de una experiencia que une a las comunidades del Valle con la ciudad de La Plata y su Universidad, en la provincia de Buenos Aires, y que tiene como eje transversal un concepto multifacético, complejo y dinámico: la salud.Para situar a las historias, sus paisajes y sus personajes, creemos necesario hacer una breve descripción de la región. Para eso recuperamos una caracterización que forma parte de la tesis de maestría de Paula Olaizola*, donde ella nos cuenta: “...El Valle de Luracatao forma parte de los Valles Calchaquíes, y está ubicado en la provincia de Salta, Argentina. Para acceder al Valle, hay que tomar un camino vecinal desde el pueblo de Seclantás, el cual se encuentra a unos 160 km de la ciudad de Salta. El Valle tiene una extensión aproximada de 300.000 hectáreas, con el río Luracatao atravesándolo en toda su longitud de norte a sur, y con diferentes afluentes de vertientes y arroyos que en su recorrido lo nutren. El paisaje es accidentado y montañoso, con un camino sinuoso que conecta a las 11 comunidades que allí habitan, con un total aproximado de 2100 habitantes. De norte a sur, aquí las comunidades: Cóndor Huasi, Alumbre, La Sala, Buena Esperanza, Churquio, Cabrería, Patapampa, Cieneguilla, Cuchiyaco, Aguadita y la Laguna. Además, en el centro del valle se encuentra el poblado de La Puerta; y al lado con la comunidad de la Sala, el casco de la finca de Luracatao. En las comunidades, las viviendas son en su mayoría de adobe, sin revoque, con techo de caña y piso de tierra. Tienen dos o tres habitaciones por hogar, en donde viven un promedio de seis habitantes por familia, frecuentemente conviviendo dos a tres generaciones. Las familias poseen predios no mayores a 4-6 hectáreas donde realizan sus actividades productivas que son destinadas básicamente para el autoconsumo doméstico a partir del trabajo familiar, y la generación de un excedente que se destina al mercado local. La agricultura se realiza en su totalidad bajo riego, por lo que la ubicación de los predios se encuentra cerca de los oasis de agua. Entre los cultivos más importantes se encuentran distintas variedades de maíz, papa andina, zapallos, hortalizas de hoja, tomate, cebolla, algo de vid, etc. La ganadería menor es extensiva, con pastoreo en los cerros, y complementa la alimentación con alfalfares que se siembran en pequeñas parcelas llamadas rastrojos. Los rebaños son en su mayoría mixtos (cabras y ovejas), de raza criolla con alta rusticidad pero poca productividad, por lo que se tiende a tener muchos animales para garantizar mínimamente el autoconsumo. El manejo de los rebaños está íntegramente a cargo de las mujeres y los niños y niñas de las familias. Ellas son las pastoras, atienden las pariciones y las crías. Las pequeñas majadas de ovejas y cabras son fundamentales para la dieta familiar ya que son la única fuente de aporte de proteínas. Algunas familias cuentan con tropas de ganado bovino. Los mismos de raza criolla, también tienen un manejo de tipo extensivo, pastoreando en los cerros durante la mayor parte del año. Durante los meses de abril y mayo son “bajados” del cerro para la vacunación, marcada, etc. El ganado constituye la mayor reserva de capital, y el estatus social depende muchas veces del tamaño de la hacienda. En lo que respecta a la actividad artesanal, los hombres en su mayoría son excelentes teleros, confeccionan telas de altísima calidad como el barracán y picote; las mujeres entre sus actividades diarias se encargan del hilado totalmente artesanal, utilizando para tal fin técnicas y herramientas ancestrales como la puchicana.En cuanto al régimen de tenencia de la tierra, desde el año 2005, a partir de un convenio entre el propietario de la finca Luracatao, Enrique López Lecube y el gobierno de la provincia de Salta representado en ese momento por el gobernador Juan Carlos Romero, se le otorga los títulos de propiedad de la tierra sobre los arriendos de cada una de las familias que habitan este Valle, quedando en manos de López Lecube, grandes potreros productivos, la laguna de Brealito y el casco de la finca. El régimen de distribución de agua queda pactado según “usos y costumbres”, donde el ex patrón concentra la totalidad del agua de riego en represas de su propiedad, para luego distribuirla por turnados. De esta manera si bien son entregados los arriendos a las familias, no existen modificaciones en función de la distribución histórica del agua, por lo que está muy condicionado el potencial productivo de las familias, así como se ve seriamente limitada la posibilidad de aumentar tierras cultivables para la instalación de nuevas familias en el valle de Luracatao...”. El origen del vínculo entre las comunidades del Valle y la UNLP se puede encontrar en las inquietudes surgidas de las agricultoras y agricultores campesinos de Luracatao, que tenían que ver con sus prácticas productivas y la salud de sus animales (1). Entonces, a partir de la articulación de las comunidades con la Agencia de Extensión Rural (AER) de Seclantás del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y con el antecedente de un proyecto de extensión UNLP, se logró el contacto con nuestro grupo de trabajo (2). Así fue que se planteó la idea de formar un espacio de intercambio y actividades conjuntas, que en principio estuvieron pensadas para discutir sobre enfermedades parasitarias de preocupación regional y herramientas técnicas para el diagnóstico y la prevención. Debido a la pandemia de Covid-19, tuvimos que recurrir a la virtualidad, que al menos permitió una primera ida y vuelta. Luego sucedió, inevitable y paulatinamente, lo que tanto anhelábamos: los barbijos empezaron a quedar en los cajones y el mate pudo de nuevo recorrer las rondas. Se abrieron los aeropuertos y las escuelas y entonces se pudo materializar al fin el encuentro. Desde aquel momento siguieron muchos viajes, reuniones, talleres, prácticas, desayunos, celebraciones. Lo que empezó como un entrenamiento técnico se ramificó y caló profundo en nuestras historias. Lo que surgió a partir del primer día en el Valle de Luracatao y a lo largo de los años siguientes, son la génesis de estos relatos. Como ya se mencionó anteriormente, estas historias tienen como eje transversal a la salud, con toda la ambigüedad que este concepto incluye. Es así que la encontraremos en varias de sus facetas y posibilidades, en su cara hegemónica y en su cara invisible. Aparecerá también, por momentos, embebida en el Sumak Kawsay, con su cercana traducción al castellano “Buen Vivir o Vivir Bien”, porque desde nuestra perspectiva de salud, pareciera que una cosa es inherente a la otra, casi como un sinónimo (3).Ahora sí, queda hecha la invitación para salir a caminar por este entramado de memorias y sentipensares. Un paseo bajo los cielos del Valle de Luracatao, donde en verano baja furioso el río, para volverse un vestigio en invierno. Sobre los suelos calchaquíes de cardones milenarios, de dioses y diosas, de cabras y bichos. Entre los brazos de los cerros, que son el resguardo incansable de una parte importante de nuestra historia que escucha, habla, camina y resiste.

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