Patočka y el movimiento ontológico como fundamentación del mundo político

Fecha
2020
Editorial
Universidad de Buenos Aires. Facultad de Ciencias Sociales. Instituto de Investigaciones
Revista
Título del libro
Nombre del evento
III Congreso Latinoamericano de Teoría Social
Fecha del evento
2019-07-31
Institución organizadora
Universidad de Buenos Aires. Facultad de Ciencias Sociales. Instituto de Investigaciones "Gino Germani"
ISSN
2469-0376
eISSN
ISBN
Idioma
Español
Tipo del evento
Congreso
Clasificación temática
Palabras clave
Resumen
Tal como lo expresa el título, este trabajo se enmarca dentro de la filosofía de Jan Patočka (1907-1977), un pensador que ha comenzado a suscitar un interés cada vez mayor en los ámbitos académicos, motivado por la lenta pero continua traducción de sus escritos -principalmente al francés y al italiano-, así como por la influencia que ha ejercido en la obra de algunos filósofos contemporáneos de la tradición fenomenológica -como Renaud Barbaras o Marc Richir. Otro motivo, quizás el más importante, corresponde al compromiso político que Patočka ejerció al final de su vida como el portavoz de la Carta 77, un manifiesto donde intelectuales, artistas y dirigentes políticos denunciaban el incumplimiento de los pactos internacionales acordados en la Conferencia de Helsinski (1975) por parte de la República Socialista Checoslovaca. Este compromiso al final de su vida, llevado a cabo en un estado de salud muy frágil, le valió que Paul Ricœur lo denominara “el Sócrates de Praga”. Ahora bien, la cuestión de este compromiso no es un hecho fortuito separado del proyecto filosófico, sino que se encuentra atravesado por el mismo. Entre los múltiples temas que aborda su obra, uno de los más resonantes y transversales es el “platonismo negativo”, en donde el filósofo se propone refundar la metafísica abandonando el ente trascendente y erigiendo la cuestión de la trascendencia sobre lo mundano a través de la experiencia de la libertad, entendida como la experiencia total de un sentido total, la cual, aún desarraigando al 1 existente humano de la pasividad propia a la experiencia mundana, no constituye una experiencia activa positiva e individual; más bien, escapa a toda consideración propia a una “filosofía de la subjetividad absoluta y soberana”. La experiencia de la libertad, por ende, no es una experiencia atomizada ni presupone la autonomía subjetiva como dato, sino que se desprende de un estadio negativo y primigeniamente comunal -lo que Patočka denomina en su último gran trabajo, Ensayos heréticos sobre la filosofía de la historia, la solidaridad de los conmovidos.
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