Una práctica de la crítica genética frente al espejo

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Fecha
12/2012
Editorial
Universidad Nacional de Cuyo. Facultad de Filosofía y Letras
Revista
Boletín del GEC
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ISSN
1515-6117
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Idioma
Español
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Resumen
Esta convocatoria a desplegar un discurso autorreferencial (algo inusitado para una filóloga) me obligó a comenzar con una confesión: como Monsieur Jourdain, el personaje de Molière que descubrió un día que hablaba en prosa sin saberlo, en los comienzos de mi formación como investigadora, allá por 1968, empecé a analizar manuscritos de trabajo escritural sin saber que un día iba a existir una crítica genética (por otra parte, en aquella época esa corriente de investigación estaba en pañales y tardaría todavía en autodenominarse así). Habiéndome iniciado en la investigación en el Instituto de Filología de la UBA y trabajando en el marco de un programa que se proponía reflotar la antigua Biblioteca de Dialectología Hispanoamericana creada por Amado Alonso, obtuve una beca para trabajar sobre "La lengua de DON SEGUNDO SOMBRA", un tema pensado por sus directores como una continuación de la tradición abierta por un volumen de esa Colección: "La lengua de MARTÍN FIERRO", de Eleuterio Tiscornia, al que me proponía incorporar un marco teórico-metodológico más reciente, dado el tiempo transcurrido desde 1930. Simultáneamente, a raíz de la adquisición de los manuscritos de esa novela de R. Güiraldes por parte del Fondo Nacional de las Artes, se abrió una perspectiva filológica; se pensó entonces en acompañar ese trabajo con una edición crítica con variantes de DON SEGUNDO SOMBRA. Pero del enfrentamiento con una escritura en proceso nació una práctica a ciegas de la investigación geneticista. / Cuando en 1982 Amos Segala, director de la Colección Archivos (CNRS-UNESCO), que había conocido una publicación de mis pininos geneticistas, me convocó para preparar la primera edición crítico-genética de esa novela en el volumen 2 de esa Colección, me acercó también los dos primeros volúmenes de estudios publicados por los teóricos de la Escuela de Crítica Genética de París (ITEM, CNRS). Aunque allí ya se hablaba de una "crítica genética", eran todavía tanteos teórico-metodológicos; pero a partir de ellos, Ana María Barrenechea no sólo introdujo en "Cuaderno de bitácora de RAYUELA" (1983) la práctica de esta disciplina en español, sino que se anticipó en formulaciones teóricas a la Escuela de París. La posibilidad de regresar al Instituto de Filología y la oportunidad de volver a trabajar con Barrenechea (que me confió la coordinación del grupo de investigadores en crítica genética que ella reunió allí) me permitió consagrarme de lleno a esta corriente a partir de 1984. / Por último, resumiendo mi tránsito por manuscritos de trabajo escritural de Juan Bautista Alberdi, José Hernández, Leopoldo Lugones, Ricardo Güiraldes, etc., describo esta práctica disciplinar como la reconstrucción de procesos creativos y el emprendimiento de una primera lectura de esa dinámica para hacerla "legible". Pero se trata de propuestas de lectura en que se permite que los materiales "hablen por sí mismos", es decir, más que imponer una interpretación, se busca una producción de "pertinencia" que provoque nuevas interpretaciones.
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