Seguir con el problema: A propósito de El perro que no calla, de Ana Katz
; Kratje, Julia 
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Fecha
07/2022
Editorial
Kilómetro 111
Revista
Kilómetro 111
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ISSN
1515-8276
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Idioma
Español
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Resumen
El texto discute la última película de Ana Katz, "El perro que no calla" a la luz de su filmografía precedente. Como parte de la tesis de este artículo se postula que esta película ofrece la representación de una nueva realidad en el cine de Katz, que se ajusta parcialmente a la descripción de Fredric Jameson de la vida estadounidense posterior a los años treinta: “La vida […] es algo informe, siempre por reinventar, un páramo inexplorado donde la propia noción de experiencia es perpetuamente cuestionada y revisada, donde el tiempo es una sucesión indeterminada en la que cobran relieve unos pocos momentos decisivos”. Esto implica un giro fundamental en la filmografía de Katz. Asimismo, en contraste con sus películas anteriores, este filme lleva la atención al ambiente como un bien común y un derecho colectivo de todos, en especial, de los grupos vulnerables y desfavorecidos. En El perro que no calla todo se trate de eso: de la posibilidad (o, en su reverso, los impedimentos) de convertir la amenaza ambiental y los despojos del capitalismo en un modo responsable de biocuidado afectivo. De allí también la insistencia y casi el subrayado de la importancia de las tareas de cuidado en la vida de Sebas: las plantas, los vínculos con los vecinos, con la perrita, con la madre, con la pareja, con el hijo, en un mundo que parece enfrentar, sin reconciliación posible, la lógica de la vida laboral y el mundo de los afectos y las tareas de cuidados. Por esto, a la vez que este filme supone una novedad radical en la filmografía de Katz, puede ser visto como una compilación de todas sus películas previas vistas a la distancia. Todos los nuevos comienzos coloridos, vitales y hasta graciosos de las películas precedentes conforman ahora la sucesión de momentos álgidos de una biografía. A lo largo de los años y como fragmentos de la existencia vital, esos sucesivos nuevos comienzos se presentan desgarrados, grises, sin vitalidad. El perro que no calla muestra en su carácter alegórico la fragilidad, la fragmentariedad y, por momentos, hasta el desmantelamiento de los vínculos en los tiempos actuales.
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