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El bajo clero rioplatense a fines del período colonial: Una dimensión de la desigualdad al interior de la Iglesia católica

Barral, Maria Elena Icon

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Fecha

06/2023

Editorial

Universidad de Buenos Aires. Facultad de Filosofía y Letras. Instituto de Historia Argentina y Americana "Dr. Emilio Ravignani"

Revista

Cuadernos del Instituto Ravignani

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Institución organizadora

ISSN

1514-2914

eISSN

2525-1066

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Idioma

Español

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Resumen

La Iglesia Católica atesora en su historia y en su presente relaciones sociales diversas y la mayoría de ellas está atravesada por algún tipo de desigualdad. Una enumeración incompleta podría comenzar por la que se desprende de la posición de los sacerdotes como administradores exclusivos de los “bienes simbólicos de salvación”. Si esta desigualdad ubica de un lado a los ministros, funcionarios o especialistas religiosos -y a su pretensión de monopolizar la gestión de lo religioso- y del otro lado a las y los feligreses “de a pie”, estos últimos comparten con los curas un privilegio que aleja a las mujeres de los lugares de decisión dentro del mundo católico: ser varones en una institución que ha cerrado las puertas del sacerdocio a las mujeres hasta nuestros días. Una mirada más larga en la historia rioplatense reconoce otras desigualdades al interior de las instituciones eclesiásticas y del clero, relacionadas con las características propias en que se fue configurando el catolicismo en la región y los procesos que dieron forma al territorio del obispado de Buenos Aires. Por ejemplo, en las áreas rurales de la diócesis, donde a comienzos del siglo XIX se concentraban la mayor cantidad y diversidad de dispositivos religiosos, se podían reconocer un grupo de parroquias “ricas”, ubicadas en las zonas más cercanas a las ciudades y en las zonas cerealeras, las cuales podían ofrecer a los sacerdotes ingresos más sustanciosos y, en consecuencia, ser los beneficios más apetecidos por los eclesiásticos. En el otro extremo, encontramos a las parroquias más alejadas, donde la población era escasa o dispersa y la producción era predominantemente ganadera. Allí, la presencia de los curas era más errática y la mayoría de ellos se hacían cargo de su administración sin demasiadas expectativas de lograr una congrua sustentación Por último, dentro de cada parroquia o pueblo de indios se puede encontrar otra cisura entre los curas o misioneros y sus auxiliares. Los primeros –principal autoridad de las parroquias o los pueblos de indios- no llegaban al 40% de la totalidad del clero rural de la diócesis a principios del siglo XIX y debieron contar con la necesaria colaboración de auxiliares que se encontraban en situaciones diversas según el grado de institucionalidad de su cargo. Estos eclesiásticos podían ser ayudantes más o menos circunstanciales de los párrocos al llevar a cabo –debidamente autorizados por éstos– las tareas vinculadas con el servicio pastoral, pero también podían ser nombrados tenientes de cura asumiendo sus funciones un mayor grado de formalidad. Entre los distintos puntos de observación desde donde es posible analizar las desigualdades en las instituciones eclesiásticas católicas, esta contribución se detiene en un segmento particular del clero de la diócesis de Buenos Aires, la que separa al alto clero del bajo clero.

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